Yo también soy un nuevo pobre (17)

Me llamo Juan, tengo 47 años y llevo trabajando desde los 22 en trabajos de subsistencia. Terminé la universidad al tiempo que trabajaba y no pude conseguir un trabajo relacionado con los estudios. Tuve que sobrevivir lejos de la casa paterna, sin salir de este país. Tuve que ver como cuando quise que dejaran de saquearme los rentistas inmobiliarios, subieron el precio de los pisos. Mi tope salarial fueron los 1.100 euros y siempre ha sido volver a empezar. Aprobé una oposición como personal laboral fijo hace poco, y ahora, cambian las condiciones de ese personal, haciéndolo tan precario como todo lo demás. Intento ver qué parte de responsabilidad tengo en todo este desastre. He escrito un libro “Los papeles del vigilante”, donde cuento mis peripecias en estos trabajos; casi tengo que retirarlo por ciertas recomendaciones. Hay días en que pienso que sería mejor tener un accidente laboral y quedarme con una incapacidad que me permitiera percibir una prestación, pero me cuesta perder un dedo, o una mano, quizás algún día las necesite para algo útil de verdad.

Siento que a este país le falta una cultura que respete a sus ciudadanos y a menudo a estos también. Se van perdiendo las protecciones sociales, se han deformado y retorcido los derechos laborales hasta dejarlos en unas líneas sobre un papel que pertenece al pasado. Nada será igual, y no conoceremos el siglo XXII; ni nosotros, ni el propio planeta. La cuestión que me pregunto es si merece la pena seguir siendo pobre en España o ser pobre en Europa.

Hay sectores económicos, religiosos, con mucho poder y son quienes amordazan a todo lo que va en contra de sus intereses. La verdadera libertad no la hemos conocido. Sólo hemos  conocido el libre mercado. Ahora tengo un salario de 903 euros, tras 24 años de trabajo. Pensadlo bien: ¿merece la pena? Quizás este sea el momento de no adquirir los compromisos que hacen creer que debes adoptar, como son: el coche, la casa… si entráis en ese juego, será difícil salir. Ser libre es no tener ataduras y eso tiene un precio. Aquí nos quedaremos los esclavos produciendo y pagando impuestos. Debiendo a los bancos, a la administración, a los especuladores. Y estaremos eternamente agradecidos porque seguiremos celebrando aniversarios de la Democracia. Aún así, merece la pena vivir. Y creo que hay que hacerlo allí donde te traten como a una persona, crean en ti y encuentres que vives entre seres, lo más humanos posibles. ¡Adelante!, hay que mirar detrás de las montañas aunque haya que regresar con el tiempo, seguramente, no seremos las mismas personas.

 Traducció. [CAT]

Em dic Juan, tinc 47 anys i porto treballant des dels 22 en feines de subsistència. Vaig acabar la universitat alhora que treballava i no vaig poder aconseguir una feina relacionada amb els estudis. Vaig haver de sobreviure lluny de la casa paterna, sense sortir d’aquest país. Vaig haver de veure com quan vaig voler que deixessin de saquejar-me dels rendistes immobiliaris, van pujar el preu dels pisos. El meu límit salarial han estat els 1.100 euros i sempre ha estat tornar a començar. Vaig aprovar una oposició com a personal laboral fix fa poc, i ara, canvien les condicions d’aquest personal, fent-ho tan precari com tota la resta. Intento veure quina part de responsabilitat tinc en tot aquest desastre. He escrit un llibre “Els papers del vigilant”, on explico les meves peripècies en aquests treballs, gairebé he de retirar per certes recomanacions. Hi ha dies que penso que seria millor tenir un accident laboral i quedar-me amb una incapacitat que em permetés percebre una prestació, però em costa perdre un dit, o una mà, potser algun dia les necessiti per alguna cosa útil de veritat.

Sento que a aquest país li falta una cultura que respecti als seus ciutadans i sovint a aquests també. Es van perdent les proteccions socials, s’han deformat i retorçat els drets laborals fins deixar-los en unes línies sobre un paper que pertany al passat. Res serà igual, i no coneixerem el segle XXII, ni nosaltres, ni el mateix planeta. La qüestió que em pregunto és si val la pena seguir sent pobre a Espanya o ser pobre a Europa.

Hi ha sectors econòmics, religiosos, amb molt poder i són els que emmordassen a tot el que va en contra dels seus interessos. La veritable llibertat no l’hem conegut. Només hem conegut el lliure mercat. Ara tinc un salari de 903 euros, després de 24 anys de treball. Penseu-ho bé: val la pena? Potser aquest sigui el moment de no adquirir els compromisos que fan creure que has d’adoptar, com són: el cotxe, la casa… si entreu en aquest joc, serà difícil sortir. Ser lliure és no tenir lligams i això té un preu. Aquí ens quedarem els esclaus produint i pagant impostos. Devent als bancs, a l’administració, als especuladors. I estarem eternament agraïts perquè seguirem celebrant aniversaris de la Democràcia. Tot i això, val la pena viure. I crec que cal fer-ho allà on et tractin com una persona, creguin en tu i trobis que vius entre éssers, el més humans possibles. Endavant! Cal mirar darrere de les muntanyes, encara que s’hagi de tornar amb el temps, segurament, no serem les mateixes persones.

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6 respostes a Yo también soy un nuevo pobre (17)

  1. Bert ha dit:

    ¡¡¡El 29 de marzo, huelga general!!! Mañana todos a la calle a reclamar nuestros derechos, la clase obrera tenemos mucho que decir.

    ¡¡¡El 29 de març, vaga general!!! Demà tots al carrer a reclamar els nostres drets, la classe obrera tenim molt a dir.

    http://elblogbert.wordpress.com/2012/03/28/huelga-general/

  2. jjcanko ha dit:

    Diremos basta y los de los botones rojos seguirán apretando, sin dudarlo.

    Somos la resaca de un antiguo desfase desproporcionado e individualista. No impugnamos por que no queremos mojarnos los pies en sangre ajena. Somos cobardes. Todo lo acontecido hasta la fecha y lo que acontecerá en el futuro próximo son fruto de nuestra desidia y desarraigo social colectivo.

    Una pena, pero somos así…, nadie nos va a cambiar ahora.

    Saludos

  3. alfonso ha dit:

    Si,jjcanko una generación que ha vivido con el viento bastante a favor, unos mas y otros menos claro, que difícil es remar con la corriente en contra, los inmigrantes de los años 50 y 60 venían de la miseria en busca de algo de ilusión y muchos de ellos criaron a sus hijos sin recordarles que no se creyeran los cantos de sirena y si la democracia llego pero el consumismo acabo con las ilusiones y nos hizo dependientes y ahí estamos, con nuestras necesidades y nuestras dependencia.

  4. jjcanko ha dit:

    Alfonso,
    la dictadura no terminó por derrocar al dictador, se acabó por que el bastardo finalmente palmó. Lo acontecido después en todo el territorio fue una extensión de sus presiones desarrolladas por los que se llamaban padres de la democracia. Todo un aplastamiento del concepto en si.
    Estamos en un asco de país ¡pero gozamos de sol durante más de 8 meses al año! Que es lo que más nos gusta a todos.., por eso nos dejamos engañar.
    Saludos

  5. wakinyan ha dit:

    Juan, entiendo y comparto tu tránsito vital. Hemos vivido una etapa histórica muy completa y sin embargo nos sentimos vacíos. ¿Por qué? Por que nos falta dignidad y valentía. No nos equiparon con la ética que nos merecemos. Y eso nos hace ir por la vida dando codazos y con el axioma por delante de: “si no lo hago yo, lo hará otro”. Por eso, tendríamos de sentirnos llenos por todo lo que hemos vivido y en el fondo todos (ricos incluídos) nos sentimos miserables.

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